martes, 12 de septiembre de 2017

Wes Marino: Bajo la piel de la ciudad

Parte de la portada original, por Carolina Bensler.
El periodista más random de la ciencia ficción escrita por Eleazar (o #gordipunk🍕) nació hace muchos años, casi diez, mientras daba un paseo por Vitoria. Si alguna vez habéis visitado Vitoria, sabréis que fue capital verde europea, y que los parques, las flores y los bosques la rodean como si pretendieran invadirla; pero también es un lugar gris y azul en las estaciones de frío. La gente se arrebuja en sus bufandas, los nubarrones ocupan el cielo, el viento rasca las naricillas de los perros… Y en una de estos paisajes me hallaba yo pensando en qué haría con mi vida cuando terminara la carrera. Quería contar historias. Nada más. No sabía el medio. Si la radio, la televisión, el periódico o una revista digital serían ideales para mí o yo me tendría que adaptar a ellos o qué. Tampoco sabía si tenía madera como sé que la tienen otros. Nunca fui de actualidad, la vida del tuitero cazanoticias no era la mía. ¿Y para quién era? ¿Y cómo sería? Total, Wes Marino se construyó a través de preguntas dirigidas a mí misma.

La ciencia ficción es un escenario tan válido como otro cualquiera. Lo elegí porque, sin saberlo, ya pensaba en la épica de las cosas pequeñas. Mientras Wes deambulaba por mi cabeza un poco perdido (“¡No tengo una historia! ¿Qué demonios voy a contar?” imaginaba que me reprochaba con los brazos cruzados y la expresión chof de quien pierde un metro en su cara), comencé a ir a las Tertulias de Ciencia Ficción de Vitoria. Se discutían clásicos bastante variados, había apariciones fugaces de autoras que no conocía, me sacaba de casa los miércoles por la tarde, y su atmósfera entre libros era agradable. Al principio no necesitaba nada más. Luego, sí: leer esto y lo otro y aquello y escribir, escribir, escribir para sacar lo que tengo dentro, que es mucho y se me hace bola.

Pero Wes Marino seguía sin su noticia.

Como orquestado, estudié el transhumanismo en una asignatura del máster llamada Movimientos Culturales. La tesis de mi profesor, además, trataba sobre El Señor de los Anillos; en una universidad donde todo el mundo escribe sobre literatura realista o no ficción, me sorprendió leer algo sobre lo fantástico. Poco después Mariano Villareal lanzó la primera convocatoria de Terra Nova II. Sonó clic, chas, pum, sonido de taladro en algún rincón de mi mente. Lo demás fue una vorágine de notas estúpidas e ideas convertidas en un relato largo llamado Lejos de la Tierra, cerca de la eternidad. Ese fue el borrador de lo que hoy es Wes Marino: Bajo la piel de la ciudad, y así, tras dos o tres revisiones, lo mandé a varias editoriales y al concurso. Hubo una interesada antes de Cerbero, pero qué sé yo, se olvidó o la chispa se apagó o no acabó surgiendo, y no importó demasiado porque significaba que la historia no estaba preparada. En 2017 le di un pequeño lavado de cara y lo envié a la convocatoria de bolsilibros de la Editorial Cerbero. El resto es historia.

WES MARINO
Tres palabras: temerario, suertudo y listo. Temerario porque solo él se metería en problemas con el estandarte de La Verdad en lo alto, y ligada a esta temeridad está la pureza de quien cree que La Verdad es lo único que importa. Suertudo porque se rodea y se rodeará de personas que le complementan a la perfección, como es el caso de Juárez. Listo porque Wes es consciente de que ellos podrían superar los obstáculos sin él, pero no viceversa.

JUÁREZ
Tres palabras: distante, hábil, enfadada. Distante porque después de todo, lo único que pretende es resolver los problemas que ella misma se ha buscado, no los de los demás. En este sentido, Wes la pondrá en un apuro, obligándola a enfrentarse al sentido de la justicia que abandonó por salud. Hábil porque, madre mía, Juárez es diestra (si habéis leído el bolsilibro, badum tss) tanto con las armas como con los imprevistos, y hará de contrapunto a los planes nefastos del periodista. Enfadada porque sus expectativas sobre cómo iba a ser su vida no se han visto cumplidas. Juárez tiene su propio arco argumental. De hecho, su propia novela, algo así como una biografía desde sus orígenes en el México de la Tierra hasta… hoy, mínimo, y las historias que quedan por contar.

Esta es la primera de muchas aventuras que han hipotecado mi imaginación para siempre. Desconozco si serán publicadas, pero al menos sí serán escritas. Espero que me acompañéis en el camino, y las disfrutéis tanto como yo. Seré feliz si consigo que Wes Marino os distraiga un par de horas una tarde especialmente dura de domingo, esas en las que pasas más tiempo pensando que es domingo que aprovechando el tiempo libre que queda. ¡Nos leemos!


🔹 ¿Dónde comprarlo? Físicamente en la librería Cyberdark en Madrid y en la Librería Gigamesh en Barcelona o desde la web de la Editorial Cerbero.
🔹 Precio: 5 euros.
🔹 Páginas: 164.
🔹 Ilustración de portada: Carolina Bensler.
🔹 Formato: 10,5x14,8. Bolsilibro. Rústica PUR.
🔹 Colección Wyser nº10.
🔹 ISBN: 978-84-947454-5-4
🔹 ¿Dónde reseñarlo? ¡En Goodreads! Pero también en vuestros blogs, por Twitter, por Facebook, en persona tomando algo... Todos los formatos valen. ¡Vuestras opiniones son muy importantes!

jueves, 13 de julio de 2017

El valor de los arquetipos


Cualquiera con unas nociones mínimas de cine y literatura puede enumerar los tropos más conocidos de la cultura occidental. El más reescrito en la historia de la humanidad es el Monomito, en el que el héroe siente la llamada a la aventura y parte en pos de un objetivo a través del cual alcanza la madurez. Muy, muy grosso modo, porque no tiene sentido extenderse en este punto. Desde Jung en adelante se han elaborado un sinfín de estudios que profundizan en los arquetipos principales de personalidad, pero ya existían con anterioridad en toda clase de literaturas, sin contar las tradiciones orales que reformularon el concepto generación tras generación.

LUGARES COMUNES
Un lector voraz sabrá identificar con soltura las características que definen a los personajes arquetípicos, y probablemente, a raíz de leerlos y encontrarlos y reelerlos y no poder escapar de ellos acabará renegando hasta de la historia. Quizá esta sea una de las razones por las que la búsqueda de la originalidad se prioriza en detrimento de otros aspectos igual o más importantes, pero no me quiero adelantar; los arquetipos, primero. En este sentido, creo que la línea entre “arquetipo” y “lugar común” es tan delgada que la tendencia es confundir lo que provocan ambos conceptos. El uso de expresiones o frases hechas, palabras que casen juntas, metáforas conocidas o sinestesias culturales son lugares comunes, pero también lo son hablar de la muerte, los sentimientos, la conquista bélica y amorosa y el éxito. Por ejemplo: en Bajo la misma estrella (2012), la cuestión no es que la protagonista tenga cáncer sino que la trama se ubique entre dos lugares supercomunes como son el amor y la muerte. Quizá haya quien opine que los protagonistas son arquetípicos, pero, si lo son, es debido a donde se sitúa su historia.

¿Están los arquetipos relacionados con los lugares comunes? Sí. Unos tiran de otros. Y juntos, con un guion mal estructurado o una narrativa poco trabajada resultan un libro “malo”. A mi juicio (siempre) la apatía de los lugares comunes reside en su contribución a la literatura. En otras palabras: no aporta nada nuevo contar la misma historia ochenta veces con diferentes nombres, ¿verdad? Y sin embargo, no todo en esta vida es escribir Lo Más Original del Mundo ni es necesario aportar nada útil a la literatura. ¿O tal vez sí? La función del escritor y de la literatura es un debate muy serio por el que se pierden seguidores en Twitter, atención. Watch your step.

UNA BÚSQUEDA PERSONAL
Si algo sé (igual que sé que la lluvia moja) es que la escritura es una herramienta personal e intransferible. Casi como una opinión. La experiencia individual de un autor no es comparable a la de otro básicamente porque los caminos son únicos para quien los camina. Habrá puntos donde coincidan, pero no existen dos iguales. En esta línea de pensamiento, inconscientemente o no, también se encuentra el lector voraz; y lo mismo para las profesiones colaterales a la de escritor. Habrá quien lea por entretenerse y habrá quien busque un sentido especial en las historias, o un tema, o una época, o un arco exacto. Habrá quien lea por todo lo anterior. Y habrá quien no lea porque no ha encontrado en los libros el refugio del que tanto le han hablado.

Mi viaje lector ha tenido más bucles que el Dragón Khan. Hasta la adolescencia y un poquito más me dediqué a leer todo lo que cayera en mis manos: aventuras fantásticas y espaciales, novelas de amor, líos de institutos, algún clásico obligatorio para clase, mangas, enciclopedias viejas, etiquetas de champús… Cualquier cosa que alimentara al monstruo de la lectura. Más adelante, cuando me di cuenta de que me apetecía escribir mis propias historias de verdad, que no era una ilusión esporádica, me dije que tenía que buscar buenas novelas. Que dieran vueltas de tuerca. Que me dejaran clavada en el sitio. Que hicieran *pum, clonk, ruido de taladro* en mi cabeza. En ese momento también vivía la época de apatía literaria. Todo me parecía igual. Veía patrones en todos los libros. Tópico por aquí, topicazo por allá, siempre lo mismo.

¿Te gusta el Monomito? Pues toma.
La búsqueda de originalidad que vino a continuación arrasó con el resto de aspectos tan importantes (o más) en una novela. Quería cosas diferentes y punto. Así de inflexible. Y esta gesta me recuerda un poco a las tendencias editoriales que prefieren lo nunca visto en detrimento de calidad, representación, diversidad, narrativa o historia, y que dejan de lado estas cuestiones si La Originalidad se encuentra en uno de ellos. Como un cuerpo albergando un demonio al que hay que exorcizar.

A ver: no hay nada malo en buscar lecturas originales. La cuestión aquí es que veo injusto priorizar lo novedoso (que caducará) sobre lo demás (que permanecerá). ¿Cuántas veces hemos leído ganchos como “el nuevo (insertar nombre de autor)”? ¿Y cuántas veces es cierto? ¿Y por cuánto tiempo será cierto si lo es ahora? Solo son preguntas.

LA ÉPICA DE LAS COSAS PEQUEÑAS
Considero que el desafío creativo está en hablar sobre las mismas cosas de una manera nueva. Los arquetipos, tópicos, estereotipos… no me molestan tanto como antes. De hecho, sigo encontrando encanto en las historias tipo “quaterback se enamora de la chica nueva” o “heroína debe dejar su pueblo en busca de un objeto sagrado”. El cliché me gusta. No me gusta el tratamiento posterior. Lo verdaderamente pobre de una historia es que sus personajes no dejen huella en ella. Mi único objetivo es, precisamente, contrario: que los personajes entren a escena de una manera y salgan de otra. Algo así como nuestra vida.

Así, me siento mucho más cómoda describiendo entornos conocidos, sobre todo naturales, a los que añado elementos fantásticos o futuristas. "Pensar a lo grande" suele desembocar en preguntas pequeñas: “¿Cómo será el día a día de un panadero en una ciudad regulada con magia? ¿Te puedes teñir el pelo de manera que cambie según tu estado de ánimo? ¿A qué hora se levanta un conserje en un espaciopuerto?” Tales preguntas no tendrán Respuestas que Cambiarán el Curso de la Historia ni son planteamientos inéditos que se incluirán en la Generación Millennial de la literatura; pero la vida no es el viaje hacia la consecución de una gran y única hazaña, sino una sucesión de etapas pequeñas y modestas que cuentan a lo largo del camino. El viaje es la vida misma.

Y la épica de las cosas pequeñas es justo eso: sobrevivir a una semana nefasta en el espaciopuerto justo antes de las vacaciones de navidad, o tener un trabajo que odias (contable en un despacho de abogados) para poder seguir haciendo lo que más te gusta (una beca en Lenguas Arcanas). Las heroicidades tal y como las conocemos no son para mí, pero he leído muchas para saber apreciar los arquetipos y llevarlos a mi universo personal.

jueves, 15 de junio de 2017

Relojes de hueso, de David Mitchell

Relojes de hueso es uno de esos libros que es mejor empezar sin saber nada. La sinopsis, que en otro momento habría pecado de indiferente, es perfecta para la historia que narra su autor, David Mitchell, conocido también por El Atlas de las Nubes. No lo he leído, pero si el ambiente, el estilo y el entramado narrativo (me lo acabo de inventar) se disfrutan tanto como este, me lo compraré seguro.


Autor y traductora: David Mitchell, Laura Salas Rodríguez
Editorial: Random House Mondadori
Páginas: 720
Euros: 22,71
Sinopsis: Después de una pelea con su madre, Holly huye de su hogar. Mientras se adentra en la campiña inglesa, una extraña se cruza en su camino y le solicita «asilo», una petición a la que la adolescente accede sin ser consciente de su significado. De repente, las extrañas visiones y voces que la acechaban de niña vuelven a perseguirla y alteran su mundo hasta adquirir un aura de pesadilla. A esto se añadirá la traumática desaparición de su hermano pequeño, un niño inquietante con una inteligencia inusual. Pasarán muchos años antes de que Holly entienda qué sucedió ese fin de semana.


Hace muchísimo tiempo que no tenía una novela extenso entre manos. La lectura fue un regalo (tanto físico como la historia en sí). Me suena que Relojes de hueso tuvo bastante publicidad y mucho impacto bloguero y booktuber, pero por alguna razón pasó completamente desapercibido a mis ojos. Ahora me alegro, porque de no haber sido un regalo habría permanecido así puede que para siempre.

Jo, visto lo visto, va a ser complicado hacer una reseña de un libro del que no quiero que sepáis nada. Hablemos de sensaciones entonces: ese peso de los años en la narrativa no necesariamente cronológica, como si te hicieras vieja a medida que pasas páginas; detalles tan íntimos como el reflejo de una flor en los ojos de una persona que reaparecerá cuando menos lo esperas para dar sentido a otra existencia igual de diminuta y especial; situaciones de eureka indescriptibles cuando el argumento te señala algo que siempre ha estado ahí (y lo peor: ¡lo sabes!, pero de una manera subversiva, porque Relojes de hueso está cargado de submiradas, subdiálogos, subimpresiones y subpeleas); instantes de tensión similares a cuando tienes que llevar un plato de sopa caliente a la mesa sin que se desborde; el reflejo de una misma en voces de los personajes y en sus frases y en sus actitudes e inquietudes, el mejor espejo.
Los escritores no escriben en el vacío. Trabajamos en un espacio físico, una habitación, pero también escribimos en un espacio imaginario. Entre cajas, cajones, estantes y armarios llenos de... trastos, tesoros, tanto culturales (nanas, mitologías, historias, lo que Tolkien llamaba "el montón de abono") como personajes: la televisión infantil, cosmologías domésticas, historias que oímos primero de nuestros padres y luego de nuestros hijos y, algo crucial, mapas. Mapas mentales. Mapas con bordes. Y a Auden, como a muchos de nosotros, lo que realmente le fascinaba eran los bordes de los mapas...
Bien pensado, para mí la clave de ha sido precisamente eso: reconocerme en cada una de las personas marcadas por el conflicto entre horologistas y anacoretas (palabras que ni siquiera sabía que tenían significado real). Cerca del final se desvanece el concepto del libro como una sucesión de pasajes y se redibuja como una telaraña a merced del tiempo en la que muchos han quedado atrapados. A veces porque así es la vida, a veces para nada, o a veces solo por lo que podía haber pasado.

HOROLOGISTAS Y ANACORETAS
Ciñéndonos a las definiciones, la horología es la ciencia que mide el tiempo, y tiene su origen en la antigüedad allá por los albores de los relojes de sol, llamados gnomon. Si algo define a la humanidad es su obsesión por atrapar, medir, manejar a su antojo el tiempo del que dispone. En Relojes de Hueso, los horologistas nacen con la capacidad de revivir cada cuarenta días involuntariamente sin importar las circunstancias. Son inmortales. Siendo precisa, atemporales. Viven ajenos a la preocupación por excelencia del resto de los mortales: no tener tiempo, o quizás, morir antes de hacer todo lo que queremos hacer. La horología aparecerá con pequeñas pinceladas a lo largo de la vida de Holly Sykes y tejerá a su alrededor una red de acontecimientos en la guerra contra los que han conseguido detener el tiempo a un precio altísimo.

Los anacoretas tienen dos definiciones interrelacionadas: son aquellos que viven aislados en comunidad y rehúsan de bienes materiales o ermitaños cuyo objetivo es entregarse a la penitencia y a la oración. David Mitchell utiliza el ‘core’ del término a la hora de presentar a sus antagonistas (lugares sagrados, terminología cercana a la eclesiástica) y lo reconduce hacia un significado más profundo: los que han dado la espalda al tiempo sin importar cuán alto es el coste. Este coste es secreto si no has leído el libro. Personalmente jamás pensé en los anacoretas como el grupo de gente mala a la que hay que detener. Si me ofrecieran la juventud eterna a cambio de un par de trabajillos cada tres años, como mínimo le daría una vuelta; ahora que todavía tres cuartos de siglo (en el mejor de los casos) puede que no le dé importancia a la juventud, pero ¿pensaré igual cuando tenga sesenta o setenta y me ronde ya la sombra de la muerte? El propio Mitchell lo imaginó como un “contrato faustiano”, tu alma a cambio de la inmortalidad. Que por cierto ha calificado Relojes de Hueso como su novela de la crisis de mitad de vida. Mitchell tiene 45 años.

Voces muy diferentes tocan temas igual de dispares. Encontraremos pasajes sobre la guerra de Irak, el sendero de los enfermos de Alzhéimer, las… movidas de un novelista (aquí muchos se sentirán identificados; yo menos porque no tengo editor :b) y una muy, muy interesante y compleja narrativa postapocalíptica a favor del medio ambiente, o como lo llamaron “novedosamente” hace un tiempo en The Objective, climaficción (y aquí una corrección interesante de la Fundéu).

Relojes de Hueso desarrolla en setecientas páginas el enfrentamiento entre horologistas y anacoretas casi de pasada, como si fuera de importancia relativa para el resto de los mortales. Y así es, en realidad. En una guerra milenaria, nosotros, las personas, somos el único mecanismo válido para medir el paso del tiempo.

martes, 23 de mayo de 2017

Ficción en braille, otra gran desconocida

Fuente.
No sabría nombrar ni una sola editorial que publique ficción en braille. Al menos, no antes de informarme para escribir el artículo. Imaginaba que sí. Y está claro que existen, pero solo el hecho de “imaginar” da algunas pistas acerca del estado de la diversidad en el día a día. Pelear por el nacimiento de obras inclusivas es la respuesta natural de las minorías que buscan representación, y los bastante bien representados, unos más y otros menos, debemos escuchar antes de abrir la boca.

ATENCIÓN: se avecina una reflexión torpe mezclada con datos. Todas las fuentes están agrupadas al final del artículo.

martes, 9 de mayo de 2017

Delilah Dirk and the Turkish Lieutenant, de Tony Cliff

Delilah Dirk and the Turkish Lieutenant es una de estas compras impulsivas que tienes un domingo por la tarde navegando por internet. Tengo tres requisitos a la hora de lanzarme a dar el último click (el que formaliza la compra): la longitud de la serie, las opiniones y el precio. En ese orden. Además, procuro apartarme de sagas larguísimas o sin terminar, con excepciones como Paper Girls porque son tomos finos y baratos y porque sí, básicamente. El caso: la primera aventura de Delilah Dirk me transmitió buen rollo desde la sinopsis: chica que se mete en líos y zurra a quien se le pone por delante. Nada más y nada menos. Quiero decir, para mí las mejores historias tienen ese componente de aleatoriedad más problemático que ventajoso, esas que se resumen en "pasan cosas" y en las que no te das ni cuenta del argumento porque lo estás viviendo. En resumen: que me apetecía leer un cómic divertido, encajó en mis estándares, lo he leído y aquí vengo a contar qué me ha parecido.

Autor: Tony Cliff 
Editorial: First Second 
Páginas: 180 páginas 
Precio: 19,50 dólares 
Sinopsis: Lovable ne'er-do-well Delilah Dirk has travelled to Japan, Indonesia, France, and even the New World. Using the skills she's picked up on the way, Delilah's adventures continue as she plots to rob a rich and corrupt Sultan in Constantinople. With the aid of her flying boat and her newfound friend, Selim, she evades the Sultan's guards, leaves angry pirates in the dust, and fights her way through the countryside. For Delilah, one adventure leads to the next in this thrilling and funny installment in her exciting life.
A little bit Tintin, a little bit Indiana Jones, Delilah Dirk is a great pick for any reader looking for a smart and foolhardy heroine...and globetrotting adventures.

Delilah Dirk, o Miss Dirk, recorre el globo en busca de aventuras y pequeños misterios que resolver. Si bien al principio parece que parte de la base del mítico Indiana Jones, se aleja enseguida de la perspectiva George-Lucasiana gracias a su ascendencia diversa y a través de su compañero de aventuras, Selim, un comandante turco que, siendo sincera, lo único que sabe hacer en esta vida es té, y con esta claridad se lo explica a Delilah la primera vez que ella quiere salir por peteneras recurriendo a su espada. Pese a ser de desenvaine fácil, Delilah usa la cabeza para resolver los conflictos; no es un personaje basado en la fuerza bruta, sino en uno que asume fácilmente el curso de los acontecimientos. En este sentido, Selim ofrece un contraste curioso. Comandante de un poderoso sultán, es bondadoso con los delincuentes y se ve incapaz de dar una respuesta cruel. De carácter tranquilo, ama la vida que tiene, por lo que cuando Delilah le complica la existencia de la noche a la mañana, se encuentra de frente con su verdad personal: no le gusta su trabajo. Así que ante la posibilidad de meterse en problemas con el sultán y verse obligado a mblandir un arma en serio en algún momento, acepta sin dudar el extraño cambio de rumbo que Delilah le ofrece. O algo parecido.

Empoderamiento femenino be like.
Me gustan ambos personajes, juntos y por separado, porque no pierden sus identidades ni uno se ve eclipsado por el otro. Una podría pensar, y yo lo pienso, que Delilah mola un montón porque reparte leches que da gusto, pero Selim tiene una sensibilidad especial hacia la naturaleza, hacia la bondad, hacia esas cualidades tan humanas que Delilah también tiene pero no expresa con la misma naturalidad. De hecho, me encantan los gestos de cada uno por... no sé por qué, el estilo, la autenticidad, la transparencia, la sutileza con la que reafirman los diálogos visualmente.

Ambos son el pilar de la narración, y no tanto el argumento, que a grandes rasgos tiene que ver con un pirata de malas pulgas al que Delilah ha robado su tesoro y una misión paralela de la propia Delilah. Ya os digo que ni os dais cuenta de que está pasando "algo" en concreto; para algunos esto podría ser un punto negativo. "¿Dónde está la chicha?" Pues aquí y allá, un poquito de esto y de lo otro... hay que disfrutar, amigas. A ver si ahora o leemos Kafka o no leemos, ¿eh? Me daría con un canto en los dientes si la mitad de lo que leo al año fuera igual de divertido.

Aquí, pescando con la espada.
Tony Cliff (@TangoCharlie) es el autor de la serie Delilah Dirk, que hasta donde veo se compone de dos cómics y una  miniaventura. Si no os echa para atrás leer en inglés y os apetece una historia para desconectar, Delilah Dirk tiene algo que contaros. O más bien Selim, pues seréis sus ojos y sus oídos en este primer tomo. Podéis leer gratis 80 páginas en la propia web de Delilah Dirk.

Extracto de la portada Seeds of Good Fortune.

miércoles, 5 de abril de 2017

Una jovencita de 25 años edita una antología de fantasía oscura

Opinión impopular: mi escritorio siempre está ordenado.
Yep. Hace un par de días anuncié en Twitter que Carlinga Ediciones y yo estamos editando una antología de fantasía oscura. Hasta hace bien poco siempre me había tocado estar al otro lado de la barrera, escribiendo y esperando el veredicto, y ahora soy yo la encargada de guiar a los demás en el desarrollo del compendio. Si algo teníamos claro desde el principio es que la antología recogerá escritores y escritoras noveles en estadios diferentes: algunos publican su primer relato aquí, otros tienen una buena bibliografía a sus espaldas y el proyecto les ha interesado tanto como para participar; cada uno es bienvenido tal y como es porque cada uno tiene una historia que contar. Al menos, digamos, en teoría. Me apetecía poner por escrito lo que voy aprendiendo.

EDITAR ES... DIFÍCIL
ATENCIÓN. La primera obviedad en la frente. Pero se hace aún más cierto conforme avanza el proyecto. Mi intención aquí es y será guiar a los demás desde la recepción de ideas hasta el producto final y la posventa a fin de que las ganancias de los autores sean algo más que para pipas. Y me vale con un juego de Steam en rebajas. Ahora en serio: lo que de verdad quiero es que la antología sea a gusto de los que escriben en ella. Me viene a la memoria la anécdota de una autora cuya primera incursión editorial fue de lo más amarga por temas organizativos y legales. Si una lleva años con ganas de publicar algo y cuando tiene realmente la oportunidad de hacerlo el resultado deja mucho que desear, ¿para qué narices querrá intentarlo otra vez? Y atención: no hablo de seguir escribiendo, hablo de publicar. Son dos temas bien distintos. Quizá sea una afirmación atrevida, pero allá va: el editor edita mejor cuando antes ha sido escritor. Más fácil: el editor solo conoce las necesidades del escritor cuando ha estado en su situación previamente. Una mezcla entre empatía y empirismo. Al menos desde mi experiencia.

Una antología de fantasía oscura está lejos de mi zona de confort. Se podría decir que está a un salto del acantilado de distancia. Me he documentado, he leído, he reposado la información, y solo después de esto me he atrevido a explicar a los autores qué estamos buscando José (el editor de Carlinga) y yo. La idea del compendio gira en torno a reivindicar la mitología y el folclore español a través de historias de fantasía oscura clásicas y contemporáneas por igual; no tanto retellings de leyendas conocidas sino profundizar en ellas y crear relatos partiendo de su legado. Algunos autores se sentían más cómodos explorando el género en el pasado y otros en el presente. Creo que editar implica tener claro un objetivo y ser flexible acerca de cómo llegar a él, adaptarse a las circunstancias y a quienes escriben para que el resultado final sea, como mínimo, digno de una lectura de domingo por la tarde. ¿Suena idílico? Sí. ¿Lo es? A veces. Pero quien no aspire a ello ni siquiera conseguirá estar cerca de un trabajo bien hecho.

LA RESPONSABILIDAD ARTÍSTICA EXISTE
En el intenso email de presentación que envié a los autores declaré que esta es una antología feminista. Lo que ocurrió a continuación te sorprenderá: los autores, hombres y mujeres, dijeron que vale. Que claro, que ¿cómo no? Y es un buen primer paso a la hora de montar los cimientos de lo que vendrá más adelante. El problema radica en que el machismo es invisible a los ojos y todos y todas lo plasmamos sin excepción si no prestamos atención a los detalles. Sé que es difícil de tragar, que a mí también me han venido con esas y me han dejado muertísima en la bañera. Asumirlo, en cambio, es un punto de partida. Esta antología no se abandera como feminista sino que simplemente debe serlo por la responsabilidad artística inherente a la literatura. No hay más. Quien escribe tiene una intención y puede dejar huella en el lector, y debería, creo, espero, ser coherente con el contenido que produce. No me gustan las personas que escriben y se lavan las manos. No. Todo acto tiene su consecuencia. Escribir, más.

Me he comprometido a dar feedback constante a los autores. En la fase de propuestas (en la que los autores nos envían un resumen de lo que quieren escribir; lo hemos hecho para que no haya ochenta relatos sobre meigas, cincuenta de fantasmas y tres de vampiros, pero este es solo un apunte sobre la organización) hemos recibido planteamientos muy interesantes, así que por ese lado no puedo estar más satisfecha (porque significa que me expliqué bien en el email sobre el género, que era mi mayor temor...). Por otro, evaluamos con lupa que los relatos sean feministas, es decir, que buscamos eliminar móviles innecesarios como muertes o violaciones de mujeres que solo sirven para desencadenar puntos clave de la trama. Ese es un ejemplo. También buscamos la mayor diversidad racial posible. ¿Esto significa que ahora tenemos que tener personajes de todo tipo, altos, bajos, gordos, autistas, de etnias distintas? No y sí. Haz lo que creas conveniente porque cualquier opción tendrá repercusiones en los demás. Responsabilidad artística, ya lo he dicho antes. ¿Esto significa que será una antología políticamente correcta? No. Significa que será una antología verdaderamente inclusiva, y ya está. Probablemente se nos escapen micromachismos o situaciones que quizá otras personas detectarían de un plumazo; lo que está claro es que afinaremos al máximo para que no ocurra.
Por alguna razón Shutterstock cree que este es un sitio ideal para escribir.
Un buen autor escucha al editor, y un buen editor hace exactamente lo mismo. La conversación es una parte fundamental del proceso, además de enriquecedora debido al bagaje individual y emocional que imprimimos en él. Como escritora me habría gustado que me trataran con franqueza cuando algo no está al nivel esperado. También, que el editor se hubiera detenido a trabajar conmigo si veía potencial. Porque esa es otra: editor y autor establecen una relación horizontal. El editor trabaja con el autor. Ninguno está en una posición de autoridad, si acaso de consejo o recomendación, pero en ningún caso serán órdenes ni últimatums.

Sobra decir que estoy encantadísima con editar. Es una de mis pasiones (insertar meme: "el diseño gráfico es mi pasión") junto a comer, pagar las facturas del mes, jugar a videojuegos, practicar kendo y disfrutar de mis personas preferidas. Soy consciente de que lo escrito más arriba no es la piedra de Rosetta de la edición ni mucho menos, pero creo que compartir lo que sucede entre bambalinas ayuda a generar más empatía en un sector suficientemente castigado por la economía y por las modas del momento.

lunes, 27 de marzo de 2017

Jotun: El Vacío antes que la muerte

Los jotun tienen... malas pulgas.
“¿Cómo de grande es el pájaro que se posa sobre Yggdrasil?” se pregunta Thora mientras recorre el árbol que da vida al mundo; Vedrfolnir, el Halcón, vigila sus movimientos sentado entre los ojos de un águila sin nombre. La batalla contra los jotun, temibles gigantes elementales que dominan El Vacío, está próxima a su fin, y solo los dioses dictarán si Thora, la Vikinga, es digna del descanso eterno en el Valhalla.

Jotun, desarrollado por Thunder Lotus, es en sí mismo es una obra de arte, primero por sus gráficos pintados a mano (cada movimiento, cada paisaje), segundo por la historia que se desgrana a medida que completamos los niveles. La mecánica, sencilla, complementa al resto de elementos. No estorba y permite al jugador dejarse llevar por los escenarios. Opinión personal e intransferible: me parecía importante decir esto porque muchísimos juegos pecan de muchos comandos o muy complicados de recordar a priori, quitando protagonismo a la ambientación o ralentizando la inmersión en la atmósfera de juego.

Si tuviera que definir con una palabra a Thora, sería esta: implacable. Con los años he madurado cierto escepticismo que intenta boicotearme cada libro o cada juego que disfruto diciéndome cosas como: “no es para tanto”, “sí, eso está genial, ¿pero te has fijado en la falta de representación?”, “oh, vaya, otro Personaje Femenino ™ claramente desarrollado por un hombre que parece que no ha conocido una mujer en su vida…” y poco a poco la excitación inicial por un producto sorprendente se convierte en resignación disfrutable.
Bonito, LO SÉ.
Pues bien: ¡con Jotun no es así! ¿Por dónde empiezo? ¿Por la banda sonora? ¿Por su protagonista? Thora es una vikinga de los pies a la cabeza. Reconoces en ella el tesón del que tanto nos han hablado las leyendas nórdicas; en su forma de contar el conflicto central de su historia subyace una fortaleza que imprime aún más fuerza a sus acciones, y por tanto, a las nuestras; su corpulencia física, las capas de pieles unas encima de otras y el hacha (¡qué hacha!) la convierten en una mujer fielmente representada a su pueblo. Puede que llegue un momento en que no haga falta decir que tal personaje está bien hecho, pero todavía no ha llegado.

No quiero desvelar nada de los jotun, así que solo diré que cada uno está asociado a una runa y que las runas tienen un significado íntimamente relacionado con la clase de batalla a la que tendremos que enfrentarnos. Hablo, claro está, de matices, porque si estoy enamorada de Jotun es por los pequeños detalles; no esperéis grandes acertijos ni un Dark Souls de la vida. Algunas queremos llegar a viejas.

Es que es alucinante.
Jugadlo. De verdad. La delicadeza narrativa de Jotun ha despertado en mí un interés por los héroes nórdicos que antes no existía, y solo por eso quiero dar las gracias al equipo de Thunder Lotus. Uno nunca sabe cuánto inspira a los demás.

martes, 31 de enero de 2017

¡La zona de confort es real!

Esta es mi zona de confort ideal. Fuente.
Mis dos últimas lecturas me han alejado de mi zona de confort lectora, la fantasía y la ciencia ficción. Ocurrió naturalmente: cuando me quise dar cuenta estaba en el segundo capítulo de Siempre hemos vivido en el castillo, de Shirley Jackson, y en cuanto lo acabé me vi como una autómata yendo a buscar La maldición de Hill House, que también me ha flipado. La verdad es que 2016 fue un año aceptable en cuanto a lecturas, aceptable y nada más, porque acabé cansadísima de leer sinopsis parecidas entre sí, historias que me recordaban a otras y esas otras a otras más, personajes que me daba igual cómo se llamaran porque no conseguía conectar con ellos, etcétera. Todo esto lleva a una a pensar que el problema está dentro y no fuera. Así que lo primero que he hecho en 2017 es leer libros que hace un año no me habrían llamado la atención, que viene a ser mi Razón de Peso. Pasaba con el terror, con la novela histórica, con la romántica..., en fin, que tenía muchas puertas cerradas.

Del terror de Shirley Jackson he aprendido que la ambientación es capaz de sostener cualquier giro de guion conocido por el lector avezado. Piensa: los fantasmas de este libro querrán asustarme. Pero ¿y si lo que te inquieta realmente es todo lo demás? Las olas de oscuridad ascendiendo a medida que los personajes suben las escaleras hacia sus habitaciones, o, sin ir más lejos, la presentación de Hill House, que a mí me envaró en el sofá:
Ningún organismo vivo puede mantenerse cuerdo durante mucho tiempo en unas condiciones de realidad absoluta; incluso las alondras y las chicharras, suponen algunos, sueñan. Hill House, nada cuerda, se alzaba en soledad frente a las colinas, acumulando oscuridad en su interior; llevaba así ochenta años y así podría haber seguido otros ochenta más. En su interior, las paredes mantenían su verticalidad, los ladrillos se entrelazaban limpiamente, los suelos aguantaban firmes y las puertas permanecían cuidadosamente cerradas; el silencio empujaba incansable contra la madera y la piedra de Hill House, y lo que fuera que caminase allí, caminaba solo.
Al primer contacto visual con la casa, Eleanor, una de las protagonistas, piensa: es una casa vil. Espero que nadie me mire de ese modo; precisamente de ese modo quiero influir en el lector, trabajando su orientación en el escenario para que se familiarice con cada esquina y cada gesto de los personajes. El resto viene solo. Y, bueno, opinión personal e intransferible ahora: esta clase de ambientaciones (oscuras y opresivas, pero también drásticas) no son tan frecuentes en los mundos fantásticos. No me refiero al terror psicológico, sino a la capacidad del que escribe para mostrar las imágenes de su cabeza. Yo tengo un problema con la exposición, y es que soy impaciente. Enseguida quiero ir a la acción. Prefiero detenerme poco tiempo en los paisajes o en las emociones. Es mi talón de Aquiles (bueno, uno de tantos). Por eso he llegado a la conclusión de que necesito leer más libros donde la exposición forme parte de la exploración tanto fuera como dentro del personaje, y asiente las bases de la historia que quiero contar. Dicho así, hasta parece fácil.

Además, he abierto la veda a otro terreno virgen para mí: ¡los cómics! Ya empecé con El castillo de las estrellas, de Alex Alice y con La línea del tiempo: un viaje por la historia, de Peter Goes (que no es exactamente un cómic a decir verdad). El domingo arrasé mi cartera y compré Paper Girls (I y II) de Brian K. Vaughann y Leñadoras, de Noelle Stevenson. De momento estoy acertando. Se aceptan recomendaciones de lo que queráis. ¿Qué me gusta? Una historia divertida, seria o graciosa, que os haya encantado. Si además tiene un elenco protagonista bien construido, estoy dentro.
Por si he sido poco efusiva: ¡compradlos! ¡Están genial!